Sunday, September 24, 2017

CUESTION DE DERECHOS

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“En la versión neoliberal, el paro tiene como causa fundamental la inflexibilidad de los salarios, porque si los trabajadores estuviesen dispuestos a admitir una reducción suficiente, la economía se orientaría automáticamente hacia el pleno empleo”[Pedro Montes, Golpe de Estado al bienestar, Icaria 1996]

En 1997 la profesora Adela Cortina publicaba “Ciudadanos del mundo”. En dicha obra, siguiendo a T. H. Marshall, se hacía una lectura ético-política del concepto de ciudadanía. Es verdad que, por aquella época, precisamente en 1996,Pedro Montes delimitaba lo que estaba siendo la nueva política que conocemos como neoliberalismo. En Golpe al estado de bienestar el economista relataba lo que estaba asentándose y que suponía un retroceso de los derechos económicos y sociales. Unos cuantos años antes y con motivo del bicentenario de la Revolución Francesa, el pensador marxista Étienne Balibar teorizaba sobre la egalibérté [igualibertad]que la ido insertando en el concepto de ciudadanía. Pero a diferencia de los demás pensadores Balibar concibe la ciudadanía como conflicto:
A pesar de la diversidad de estos fenómenos, se advierte que el conflicto en última instancia siempre es determinante, porque la igual- libertad no es una disposición originaria, y porque los dominantes jamás ceden sus privilegios o su poder de forma voluntaria, incluso si les sucede, bajo la presión de los acontecimientos, que son tomados por la embriaguez de la fraternidad” [Ciudadanía]. Para Balibar la ciudadanía supone también la exclusión y lo hemos visto en los últimos tiempos en la “banlieu” parisina.

Pero volvamos al Estado del Bienestar y lo que significaba la ciudadanía en el mismo. Para Adela Cortina dicho Estado se configura como:a)Intervención del Estado en los mecanismo de mercado, b) política de pleno empleo, c) Institucionalización de los sistemas de protección, d) institucionalización de ayudas  para los que o pueden estar en el mercado de trabajo.

Crisis del Estado del Bienestar

Borja Barragué nos recuerda que “después de 1945, una de las tareas de los políticos de postguerra consistió en vincular las clases medias comerciales y profesionales a las instituciones del Estado, pues, se pensaba, fue la desafección de este grupo lo que había dado lugar al fascismo” [El derecho a la renta básica y el Banco de Justicia]. El pacto keynesiano o lo que otros denominan los “Años Gloriosos”, podemos afirmar que es el “momento” socialdemócrata. Pero dicho pacto fue producto de una serie de circunstancias. La derrota del fascismo supuso al mismo tiempo el triunfo del stalinismo en la parte oriental de Europa y, queramos o no, las conquistas sociales de dicho bloque se convirtieron en un espejo para todo el movimiento obrero occidental; además de las grandes luchas de dicho movimiento en entre guerras para conquistar los derechos sociales y económicos. Ciudadanía y trabajo forman un núcleo duro de dicho momento socialdemócrata.

Por consiguiente, la burguesía llega al pacto para evitar la ola revolucionaria. Un pacto que permite la cogestión de la economía por parte de las organizaciones de la clase obrera a cambio de no cuestionar el sistema económico. A cambio el movimiento obrero obtiene una serie de derechos, como el SMI, o en otros países (Italia) la Escala móvil de salarios, además de lo que durante años hemos conocido como el salario diferido y el casi “pleno empleo”.

Pero el “paraíso dura poco” (aparte de que dicho paraíso se basaba en mantener al Tercer Mundo fuera del pastel y por tanto explotando sus recursos). Un paraíso que entra en crisis cuando el modelo de acumulación capitalista entra en caída y se produce un estancamiento económico. Es lo que sucede con la primera “crisis del Petróleo” y la aparición de la burguesía árabe que quiere parte del pastel. Son los petrodólares. Es el momento también de la aparición del neoliberalismo.

Y en la trampa neoliberal, ya desde el principio cayeron tanto los socialdemócratas como los eurocomunistas a lo largo de la década de los 80. El triunfo político deRegan/Tatcherse fundamenta en dos derrotas del movimiento obrero tanto en los USA como en Inglaterra. Siempre tuvieron muy claro que para triunfar había que cambiar la correlación de fuerzas, por tanto en derrotar al movimiento obrero, y el eje de esto pasaba por quebrar el sindicalismo de clase.

Si, por otra parte, nos remitimos al reino de España, nos encontramos que el Estado del Bienestar se comienza a construir saliendo de una dictadura, y en el mismo momento en que en el resto de Europa triunfa el neoliberalismo y se aplica ya la política de la austeridad que abrazan tanto el eurocomunismo(por boca de E. Belinguer) como por la socialdemocracia (por boca del canciller alemán Smitch). En aquella época se nos decía que “en tiempo de crisis el trabajador tenía que apretarse el cinturón, para recoger las migajas en tiempos de recuperación”.

Además, el hecho de construir un Estado del bienestar pactado (el régimen del 78) supuso dejar del lado una serie de derechos, como son la cogestión (que nace pervertida en el Reino de España), la huelga por solidaridad o la prohibición de la “caja de resistencia”. El modelo español es un modelo débil y diríamos que vigilado; tan sólo hay que ver las distintas [contra]reformas laborales donde el movimiento obrero ha ido cada vez perdiendo más derechos.

Hasta los 70 ciudadanía/trabajo formaban un binomio cultural y social. Por el trabajo se integraba como ciudadano. El asalto neoliberal arremete contra las mismas raíces de dicho binomio. Ya en los 80 se nos habla del “fin del trabajo” por lo que había que buscar otros medios para que hubiera integración. La realidad fue muy distinta. Dicha tesis que fue asimilada por cierto tipo de izquierda nos llevaba a otro término como fue el de actividad. Ahora bien el capitalismo neoliberal iba por otro camino. Pero no es el tema de este post. Tan solo decir que tal propuesta sirvió para dar el último hachazo a los derechos económicos y sociales. Lo que se buscaba no era más que conseguir la  división del movimiento obrero y chantajear entre un núcleo duro (trabajadores fijos) y aquellos que iban quedando fuera del sistema. Y la debilitación del sindicalismo. El neoliberalismo deriva la sociedad y la economía hacia un individualismo, creando súbditos en vez de ciudadanos.

Un nuevo derecho: la RB

En 1988 la Revista Zona Abierta publica un número que lleva por título “Un salario social mínimo (garantizado) para todos”. En dicho dossier el filósofo Philippe Van Parijspublica el artículo “Una vía capitalista al comunismo” donde nos dice: “si, por el contrario, la renta garantizada adoptara la forma de un subsidio universal, concedido incondicionalmente a todos los ciudadanos, las cosas cambiarían sustancialmente. Dado que los ciudadanos tendrían un derecho absoluto a este subsidio, cualesquiera que fueran sus ingresos de otras fuentes, comenzarían a obtener unos ingresos adicionales tan pronto como realizaran cualquier tipo de trabajo, por pequeño que fuera y por mal pagado que estuviera”. He aquí la primera versión de lo que luego conoceríamos como Allocationuniverselle, y en la lengua cervantina como Renta Básica.

Es verdad que dicha primera versión chocaba. De hecho en el mismo número de la revista hay toda una discusión con los pensadores que en aquél momento se denominaban a si mismos miembros del “marxismo analítico” que más tarde Van Parijs dejaría para defender un liberalismo solidario. La verdad es que Van Parijs va a realizar una lectura del principio de diferencia de Rawls para fundamentar un posible Estado del Bienestar, recogiendo las tesis de Thomás Paine.

Desde mi perspectiva la propuesta de Van Parijs y su liberalismo solidario es una propuesta débil. Ya en mi tesis doctoral [Renta Básica y trabajo, cp2. Palibrio. Sintetizo esta postura] Es necesario realizar una lectura “radical” del Principio de la diferencia para transforma la propuesta. Es lo que hago en mi artículo “Una lectura crítica del “Principio de diferencia” (XVI CongrésValencià de Filosofia).

Cuando se publica esta revista el Reino de España se encuentra en el segundo gobierno de Felipe González, que comienza a practicar una política liberal que le conduce a una propuesta de reindustrialización que no es otra cosa que entrar en la nueva división internacional del trabajo que se le exigía para entrar en Europa. Es la época del cierre de AHM entre otras industrias. Hay que tener en cuenta que en Europa nos adentramos en una política monetarista… Donde el paro lleva camino de convertirse en un “paro de masas”. 

¿Cuál es la política social en Europa? Por un lado, la RTT. Pero ya aquí se produce una quiebra pues cierta fracción de la izquierda europea defiende que la misma sea sin rebaja salarial; mientras que la socialdemocracia propugna lo contrario. Por otra parte, la socialdemocracia allá donde gobierna implementa una política de rentas que conocemos como RMI. Es precisamente la que Van Parijs en su artículo propone convertirla en un derecho absoluto ya que, según los defensores de la RB, la política de la RMI no supera ni la “trampa del paro”, ni la “trampa de la pobreza”.

¿Por qué decimos que es un derecho? La RB no es un subsidio como pueda ser la RMI. Los subsidios no son individuales y llevan una contraprestación y/o una obligación (la de trabajar), dejándose de recibir si se encuentra un trabajo, aunque dicho trabajo sea inferior a la subvención. 

Quizás para los críticos de la RB sea una propuesta radical. Por eso extraña cuando desde cierta izquierda (fundamentalmente aquella que defiende el trabajo garantizado) se acusa a la RB de ser una propuesta que hace la derecha, en particular, la derecha fascista. Refiriéndose a M. Friedman y la “escuela de Chicago”. Llegan a confundir el Impuesto Negativo que implementó dicha escuela en el Chile de Pinochet con la RB.

Pero lo extraño que estos críticos (de izquierda) nunca se acuerdan de otros autores, como Oscar Lange (cabeza visible de los defensores del “socialismo de mercado”) que ya en 1936 en un discurso ante la ONU propugna un “dividendo social”, ni se acuerdan de Erich Fromm, ni de B. Russell. Como tampoco se acuerden de Paul Lafargue, o de Bujarino Preobrazhensky. Tan sólo por citar algunos, que podríamos continuar.

De lo que se trata es defender un nuevo derecho y que mejor que partir del republicanismo. De lo que se trata es defender el derecho a la existencia como afirmaba Robespiérrey más tarde los precursores del comunismo como Babeuf.Robespiérreal ser preguntado por los derechos nos decía: “¿Cuál es el primer fin de la sociedad? Mantener los derechos imprescriptibles del hombre” ¿Cuál es el primero de esos derechos? El de existir. La primera ley social es, pues, la que asegura a todos los miembros de la sociedad los medios de existir, todas las demás se subordinan a ésta…” El Thermidor instauraría un liberalismo doctrinario y sustituiría la Fraternidad por la Propiedad en la tríada revolucionaria. Si a esto le añadimos la “ética del trabajo” nos adentramos en la sociedad neoliberal que convierte el “derecho al trabajo” en el “deber de trabajar”.

De lo que se trata es de que cualquier persona tenga las “condiciones materiales de existencia” cubiertas para vivir. Desde el republicanismo la RB se convierte en un nuevo derecho a conquistar. Pero sobre esta propuesta volveremos en otro post.

Conclusión

¿Cómo conseguir este derecho? Desde abajo, desde la sociedad civil. A pesar de que es necesario que se oiga la voz de la RB en el parlamento, desconfianza total del mismo. La última prueba la tenemos en el rechazo de estos días de la propuesta de la “renta garantizada de ciudadanía” rechazada en el Parlamento por el Partido mayoritario. 

PD. Para los compañeros del Trabajo Garantizado. Pensadores (y dirigentes políticos) poco sospechosos de neoliberales o fascistas proponen la lucha por la RB como un instrumento para la “libertad real”. Tan sólo citaré dos: Alex Callinicos (Igualdad. Alianza Editorial; Un manifiesto anticapitalista. Crítica) y Erik Olin Wright (Construyendo utopías reales. Akal)

Bibliografía:
Adela Cortina, Ciudadanos del Mundo. Alianza Editoria. Madrid 1997
Javier Méndez-Vigo Hernández, Renta básica y trabajo. PalibrioBloomigton 2013
, Una lectura crítica del “Principio de Diferencia” XVI
CongrésValencià de Filosofia. Valencia 2006


Sunday, November 13, 2016

RENTA BÁSICA Y NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES



En la década de los 90 se instaura, en la Comunidad Vasca, lo más cercano a lo que denominamos la Renta Básica (RB): la Carta Social. Este nuevo “derecho económico social” respondía a una reivindicación de los distintos movimientos social, que, frente a los sindicatos de clase, luchaban por la instauración de ese derecho de ciudadanía.

Siempre hemos defendido la necesidad de dicho derecho, y lo hemos defendido inclinándonos por un modelo fuerte del mismo. Un derecho que permite la emancipación social y que creemos que debe ser conquistado por la colectividad y desde la sociedad civil, a pesar de ser un derecho individual
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Movimientos Sociales y Sindicatos

En plena Revolución Industrial apareció en Gran Bretaña el movimiento conocido como el cartismo. El movimiento obrero aparecía en la escena política reivindicando no sólo sus derechos económicos, sino también los políticos. En dicha etapa los sindicatos son movimientos sociales que buscaron el espacio público para ejercer el demos. Movimiento social, que junto a los primeros partidos de izquierda consiguieron desenmascarar al capitalismo naciente.

Con el tiempo el sindicalismo entra a formar parte del aparato del estado, sus direcciones se encuentran inmersos en el juego “democrático” de justificación del capitalismo. El mismo León Trotsky en un excelente análisis confirma que “hay una característica común, en el desarrollo, o para ser más exactos en la degeneración, de las modernas organizaciones sindicales de todo el mundo; su acercamiento y su vinculación cada vez más estrecha con el poder estatal” [Los sindicatos en la era de la decadencia capitalista]

Aunque no es el tema de este post, hay que decir que el análisis de Trotsky continúa siendo vigente en la etapa del capitalismo tardío. Pero a esto se debe añadir ahora el “abrazo a la ideología burguesa”. Ya no se utilizan los conceptos de clase, aceptando el neolenguaje burgués de globalización o mundialización. Sus direcciones burocratizadas se ven inmersas en la rueda de la maquinaria capitalista, no hablando ni propugnando ninguna alternativa al sistema, prefiriendo refundarlos para que tenga un “rostro humano”.

Es verdad que se han atisbado distintos movimientos que el pretenden que el sindicalismo recupere su carácter de clase; desde los Cobas, hasta las distintas luchas sociales del movimiento obrero (Delphi, Puertollano, la TBM, etc.)

Frente a lo dicho y ante la internacionalización del capital bajo el dominio de la ideología neoliberal han aparecido nuevos proletarios: los trabajadores pobres se encuentran sin derechos. Pero,además, nos encontramos con los “invisibles”, los “marginados”, los “excluidos”.

Nuevos Derechos

A lo largo del último tercio del Siglo XX, los Nuevos Movimientos Sociales reivindican una serie de nuevos derechos, entre los que sobresalen el derecho a la Renta Básica. Sin embargo, dicho derecho va a encontrar detractores, incluso en la “izquierda radical”. Daniel Bensaid nos dice que los defensores fervientes del “derecho de ciudadanía” o “asignación universal” provienen de otra perspectiva. Ya que defienden que sería necesario la emergencia de un sector “cuaternario” no mecanizable, de trabajo libre y de la integración social por las actividades socializantes por excelencia [ChristopheAguiton, Daniel Bensaid, Le retour de la question sociale]

Detrás de la crítica existe una parte de razón, ya que en principio los defensores del nuevo derecho pretendían sustituir la lógica productivista por la lógica de la actividad. Ahora bien, esto es lo que defendían los seguidores “liberales”, y por tanto los defensores de un “modelo débil” de la Renta Básica. La crítica tenía razón en el sentido de que no se puede separar la conquista de este nuevo derecho de la existencia del mercado de trabajo y de todo lo que ello conlleva. Por consiguiente, nunca se puede tomar la RB como un fin en si mismo. Por dicha razón, D. Bensaid concibe la RB como una especie de caridad frente el desempleo. Y vuelve a tener razón en su crítica al modelo débil liberal cuando en una obra posterior afirma que:  “En una lógica liberal, los ejercicios del cifraje de una asignación universal que sustituya a los mínimas sociales conduce a institucionalizar una nueva  plebe de excluidos, abocados en el mejor de los casos a la RMI y a los juegos televisados. La zanahoria de la renta universal se transforma entonces en máquina de guerra contra la seguridad social” [Daniel Bensaid, Le sourire du Spectre]

Este debate va a llegar hasta nuestros días. Debate entre un nuevo derecho y/o derecho al trabajo. Desde nuestra perspectiva no son contradictorios y diríamos incluso que podría llegar a ser complementarios en un programa económico radical. De todas formas, si el debate se produce, quizás sea porque desde la izquierda todavía nos encontramos inmersos en una lógica que no debería ser la nuestra. Y porque además estamos confundiendo el trabajo con el trabajo asalariado. Hemos aceptado la “lógica del capital” y la idea de la posibilidad de que algún día puede volver lo que durante los Años Glorioso del pacto keynesiano conocimos como “pleno empleo”.

Podríamos hablar de cómo ha evolucionado el “trabajo asalariado”; como un capitalismo senil ha “flexibilizado las relaciones sociales. Lo que ha supuesto un asalto al “bienestar” y una dejación de funciones por parte del Estado. Por decirlo de otra manera, de cómo una contractualidad central ha erosionado los derechos hasta convertirlos en mera caridad. El “derecho a la existencia” ha sido supeditado completamente al derecho sacrosanto de la propiedad. Este capitalismo senil ha hecho que el fordismorompa unilateralmente el “compromiso social” creando zonas de incertidumbre y de riesgo. Una ruptura que ha supuesto ante todo una profundización de las relaciones capitalistas produciéndose un punto de “no retorno”. Quizá por esto algunos economistas radicales [marxistas] opinan que es imposible la vuelta al “pleno empleo”. Es lo que nos dice Michel Hussonal final de uno de sus artículos: “El retorno a un capitalismo regulado (fordista, o keynesiano) es imposible sobre la base material, a saber, los incrementos de productividad superiores a su media histórica, están fuera de su alcance. El capitalismo neoliberal no ha conseguido llevar a cabo una nueva adecuación entre sus exigencias propias y la estructura de la demanda social. Por lo demás, la mundialización obstaculiza la coordinación entre las burguesías basada en algún tipo de compromiso hostil a las finanzas” [La teoría de las ondas largas y la crisis del capitalismo contemporáneo]

Este capitalismo senil ha desestabilizado la relación salarial, inclinando la balanza hacia otro tipo de relaciones que profundizan la dominación y el sometimiento del proletariado. Aunque no sea el eje de este post, queremos decir que el capitalismo senil ha profundizado la división entre el proletariado, creando nuevas capas que aparecen sin derechos: nos estamos refiriendo a lo que ya se conoce como el precariado.

Esto hace aparecer otro tipo de conflictividad en las relaciones sociales. El capitalismo se aprovecha atacando a la colectividad [al sindicato] y profundizando la individualización de las relaciones. El ataque al sindicalismo de clase se basa en la falacia de afirmar que aquellos “sólo defienden a los trabajadores fijos”. Por otra parte el capitalismo se aprovecha a su vez para chantajear al sindicato y a los trabajadores fijos, acusándoles de ser unos “privilegiados”.

La Lucha por la Renta Básica

Todo este proyecto del capitalismo tardío ha conllevado a erosionar las relaciones y a un retroceso de los derechos sociales. La creación de un desempleo estructural conduce a la ideología neoliberal (hoy dominante) a recurrir a la economía neoclásica, sobre todo a Malthus; a su concepción antropológica. Llegando a culpabilizar al parado. El parado es la “clase marginal”, la que puede ser excluida. Se vuelve invisible a esa clase obrera Y qué mejor que enfrentarla a la ola de “trabajadores pobres”. Y esto tiene un objetivo fundante para la nueva sociedad: “la cruzada neoliberal pasa por negar la existencia de la propia clase trabajadora, que durante tantos años ha luchado por sus derechos como una auténtica fuerza política. Para ello, se utilizan mensajes como el que dice que “todos somos clase media”. Naturalmente, ese “todos” excluye a las personas más desfavorecidas, que no podrían en ningún caso ser consideradas clase media por su situación, a todas luces marginal… La imagen que se venden sobre los pobres es que tienen un comportamiento irresponsable y reprobable que no se ajusta a los estilos de vida aceptados que comparte la respetable clase media” [Isabel Torre, La criminalización de la pobreza al servicio del neoliberalismo].

Es normal que dicha situación fuera a estalla. La socialdemocracia, desde la década de 1980 intenta remediar esta situación mediante la institucionalización de la Renta Mínima de Inserción (RMI), que son “subsidios familiares y condicionados a una contraprestación”. Subsidio que no superaba ni la “trampa del paro” ni la “trampa de la pobreza”.

La situación en el Reino de España todavía ha sido peor. No hay que olvidar que cuando la socialdemocracia francesa (en los 80) introduce la RMI la vincula a otra política de la izquierda como es la RTT. Cosa que no ocurrió por estos lares. Además, el Estado de las Autonomías resolvió que dicha política dependía de las distintas autonomías y no del Estado. Por otra parte, en parte por la nueva división del trabajo, que aceptamos con nuestra entrada en la UE, nuestra estructura productiva es más débil que países como Francia. Quizás por esto la flexibilidad del mercado laboral creó más distorsiones profundizada por las ETTs. Nuestra inserción en el mercado internacional permitió una bajada salarial profunda con la precarización de la vida.

Era preciso que llegara el enfrentamiento. La aparición del precario supone “un trabajo sin derechos, con incertidumbre y riesgo”. Los derechos laborales en peligro de extinción. De ahí que en el momento de la aparición del 15M y más tarde el 22M se abriera el horizonte. Las cosas ya no pueden continuar igual. Los indignados ocupan el espacio público exigiendo nuevos derechos ya que no son mercancías.

Desde esta perspectiva de los Nuevos Movimientos Sociales podemos hablar de nuevos derechos. Pero siempre partiendo que ni la Renta Básica ni el Trabajo Garantizado son la panacea, ni son un programa económico. Ya  Juventud Sin Futuro tenía clara las cosas cuando en su lucha contra el capitalismo senil defendían que  frente a este modelo de capitalismo basado en la especulación, se debe reivindicar que el acceso a la vivienda digna, entendido como alojamiento y no como propiedad, sea un derecho universal, reclamable y equiparado a otros derechos fundamentales como la educación y la sanidad

Es verdad que la RB tiene y tendrá detractores. Pero consideramos que todo puede cambiar. De hecho así ha sido. Pensadores marxistas como Alex Callinico, después de criticarla, sobre todo porque no consideraba que el “Principio de Diferencia fuera un principio de justicia adecuado para fundamentarla. Al mismo tiempo en su libro “Un Manifiesto Anticapitalista” vincula la introducción de la RBa toda una plataforma política entre la que incluye: la reducción de la semana laboral, el restablecimiento de los controles de capital y la defensa de los servicios públicos

Pero incluso en el panorama político español los compañeros de los círculos Podemos Por el Socialismo siguiendo el lema de Renta Básica o empleo vincula también la introducción de la RB a todo un programa económico entre lo que destacan: repudio de la deuda pública, reparto del empleo sin rebaja salarial, supresión de la precariedad, escala móvil de salarios, nacionalización de la banca y sectores estratégicos de la economía, etc.

En conclusión decir, que concebimos la RB como un nuevo derecho de ciudadanía que puede terminar con la pobreza. Un derecho que justificamos desde una teoría de la justicia más universal que la representada por la Teoría de la Justicia de Rawls. Nos referimos a una Teoría de la Justicia Social incluya tanto la justicia política, como la justicia social único modo de conseguir una libertad real que ponga los medios para una participación política en democracia.

Javier Méndez-Vigo


Sunday, October 09, 2016

RENTA BASICA Y ESTADO DE BIENESTAR



Es decir, ciudadanos independientes civilmente, que no tengan que pedir permiso a nadie para existir con dignidad. Desde luego, para cumplir este último requisito…, hacen falta condiciones materiales de existencia. [Carlos Fernández Liria]

En 1988 la revista Zona Abiertapublicó un número monográfico sobre el“Salario socialmínimo (garantizado) para todos. El eje de este número residía en un artículo de Robert J. van de VeenyPhlippe Van Parijs (Una vía capitalista al comunismo), donde los autores lanzaban la idea del Subsidio Universal como profundización de la renta garantizada.

No hay que olvidar el contexto sociopolítico en el que aparece dicho debate. En el Reino de España nos encontrábamos en el segundo gobierno del socialista Felipe González, cuando desde el Ministerios de economía se iniciaba la Reconversión Industrial (desindustrialización). En 1984 se produce la primera Reforma del Estatuto de los Trabajadores, es la época de la lucha por la reducción de jornada a 40 horas. Y en 1988 se convoca la primera Huelga General en contra de un gobierno socialista por el Plan de Empleo Juvenil. Huelga que supondría la ruptura del diálogo entre la UGT y el Gobierno de Felipe González. En dicho contexto es en el que aparece la idea de un Subsidio Universal.

En este primer momento Van Parijs nos decía: “Consecuentemente, si se quiere llegar al comunismo desde una sociedad capitalista, ha de hacerse aumentando todo lo posible la renta garantizada en la forma de un subsidio universal… Maximizar la renta garantizada en términos absolutos, podría justificarse sobre la base del conocido “principio de la diferencia” de John Rawls”

EB y Lucha contra la Pobreza

A partir de la década de los 80 los gobiernos socialdemócratas (en particular el francés) comienzan a implementar una nueva política de protección social. Hay que tener en cuenta que por esa misma época la derecha (el neoliberalismo) rompe unilateralmente el pacto keynesiano de postguerra e inician el “asalto al Estado del Bienestar”. Como bien dice EguzkUrteaga “la crisis del modelo fordista y las dos crisis petroleras de 1973 y 1979 provocan una crisis económica que sumergen al Estado en una crisis social de gran magnitud” Es la época en la que pensadores como A. Gorz ya nos hablaban del “Adios al proletariado”. Pero también es la época en el que el modelo productivo (fordista) quiebra y la economía oficial habla de “flexibilidad”- siempre referida, por cierto, al mercado de trabajo-. Hoy ya sabemos a dónde nos ha conducido: a la precariedad

Dicho ataque al mercado de trabajo supuso un retroceso en derechos sociales. La economía neoliberal lo que pretendía con la flexibilidad no era más que atacar a las cotizaciones (salario diferido) e iniciar el camino hacia el despido libre. Ya en otoños de 1983 se inician los “planes de emergencia” y en 1988 el gobierno socialdemócrata francés instaura la Renta Mínima de Inserción (RMI). Es este el modelo el que se importa al .futuro) y es que la RMI va a depender de cada autonomía.

Será la Comunidad Autónoma Vasca la que en 1989, con un Plan Integral de Lucha contra la Pobreza, introduce una Renta que se aproxima a la RB  y que denomina la Carta Social, mediante la que se implementa la RMI, que actualmente recibe el nombre de Renta de Garantía de Ingresos (RGI).

Ahora bien, el primer problema es que dicha RMI no iba a tener un cimiento estatal, sino que dependería de la buena voluntad (política) de cada comunidad. Por otra parte, determinadas comunidades profundizan en la confusión al asimilar este subsidio a la Renta Básica. Una primera diferencia que nunca se debería olvidar: mientras que la RMI es un subsidio, la RB es un derecho. Por otro lado al ser “condicional”, la RMI no supera la “trampa del paro” ni la “trampa de la pobreza”.

Es más, en la época de crisis estructura que estamos viviendo, dichas RMI están convirtiendo la protección social en una cuestión caritativa desde las instituciones (salvo la situación vasca). Mientras que desde la sociedad civil se camina hacia las Rentas Garantizadas.

La Lucha por la RB

La propuesta de la RB no es nueva. El mismo Van Parijs en su libro L’allocationuniversellese remonta al humanismo de Luis Vives o Tomas Moro y su Utopía. Sin embargo, si tuviéramos que remontar a la modernidad nos encontraríamos con los revolucionarios que remontar a la modernidad nos encontraríamos con los revolucionarios Thomas Paineo Robespièrre. Por otro lado, lo que proponen ambos pensadores es la posibilidad de la conquista de un derecho democrático ante la acumulación llevada por el capital. Como dice Laurent Geoffroy, al fin y al cabo “la ambición de ThomásPaine no es desmantelar la propiedad o abolir la miseria. La renta garantizada no debe ser el objeto de una transferencia monetaria masiva de los ricos a los pobres, sino la garantía de una seguridad otorgada a todos los hombres, cualesquiera que sean su nacimiento y su fortuna

A raíz del Asalto al Estado de Bienestar y del triunfo de la política económica neoliberal, dicha seguridad se quiebra.

En este momento que aparecen los subsidios como la RMI, IMI, etc. Por mucho que se les llames rentas, no son otra cosa que subsidios y no derechos. Los socialdemócratas, en principio, intentan subsanar la quiebra del Estado de Bienestar mediante esta política social. Ahora bien, esta política social tenía dos principios: la inserción laboral y la inclusión social. Sin embargo, dicha política económica (que solo en Francia iba unida a la RTT) se olvida de un hecho importantísimo: que el ser humano tiene dignidad y no precio. Aunque el precio se disimule bajo un deber: el deber a trabajar. Esta política continua presa de la ética calvinista y dentro de la lógica productivista, que nos impone un sistema económico que se basa en la explotación de la fuerza de trabajo. Al final las RMI caen en la trampa de la pobreza.

La burguesía ya hace tiempo que dejó de ser revolucionaria. Es una clase social senil y reaccionaria que no puede, ni quiere cumplir con los derechos democráticos por los que lucharon sus antecesores. En esta etapa senil el capitalismo quiere devolvernos a las relaciones capitalistas del siglo XIX, donde el obrero era simplemente un servido sin derechos que dependía totalmente del amo de la fábrica. 

Van Parijs distingue dos tipos de proyectos sobre la Seguridad Social: la impuesta por Otto von Bismarck(1883) “la protección social está fuertemente ligada al trabajo y al estatuto del asalariado”. Y por otra parte, la solidaridad que se ejerce entre asalariados (Beveridge). A partir de la postguerra se generaliza esta política. Sin embargo, la ruptura unilateral de dicho pacto por el neoliberalismo conlleva la individualización de las relaciones sociales y a la vez el rechazo del papel del sindicalismo.

Precisamente a partir de la década de los 90 es cuando en los países europeos se inicia determinadas experiencias para implementar este derecho a la RB. Un inciso, la RB no es derechas ni de izquierdas, y además, no tiene nada que ver con la práctica llevada a cabo en el Chile de Pinochet (impulsada por M. Friedman- tal y como pensaban dos ex dirigentes sindicales) que sirvió para evitar una implosión social. Sintomático es que aquella izquierda tradicional y determinado sindicalismo arremeta con uñas y dientes contra este derecho, mientras que todavía no se haya oído a ninguna de estas voces para arremeter y rechazar la llamada “Mochila austríaca” (otras de las ideas de M. Friedman) salida del Pacto entre el PP y C’s. En fin, cosas veremos.

Van Parijs desde su “liberalismo solidario”, con este derecho, pretendía refundar la solidaridad ante la crisis social y política. Pretende salvar el Estado de Bienestar mediante la RB: “se trata en otros términos de maximizar sosteniblemente la asignación universal bajo la obligación de una exigencia de solidaridad (entendida como diversidad no dominada) que impone, principalmente que todos puedan subsistir y que las personas obstaculizadas se beneficien de transferencias específicas”.

Hoy después de casi 40 años de hegemonía neoliberal y en una etapa en que se profundizan los recortes sociales y de derechos, podemos constatar que ya no volveremos al pacto keynesiano de postguerra. En la época de un nuevo proceso de internacionalización del capital (conocido como globalización capitalista) ya no es posible el pleno empleo tal y como se daba, La nueva “acumulación por desposesión” de este capitalismo senil ha conllevado una fuerza de trabajo mundializada que exige nuevos derechos que implementen una libertad real de los de abajo. Nuevos derechos basados en el apoyo mutuo. Si queremos una sociedad distinta hay que romper con la lógica productivista y con el productivismo, tanto de la burguesía, como el de una vieja izquierda que ha confundido el derecho al trabajo con esa ética que en el frontispicio de un campo de exterminio anunciaba que “el trabajo dignifica al hombre”. O el de aquél gulag que nos anunciaba que “el honor del hombre nuevo residía en el trabajo

Hoy ya no existe el derecho al trabajo, el capitalismo senil lo ha convertido en un deber. Y encima culpabiliza a aquél que no encuentra trabajo (asalariado). Es verdad que la RB no es más que un derecho (y ya es bastante), no es la panacea ni nadie afirma que tenga que sustituir al trabajo. Pero los defensores de la RB no confundimos el trabajo con el trabajo asalariado que está basado en la explotación y/o dominación de la Fuerza de Trabajo. Pero esto es otra cuestión. Lo único que se debe afirmar aquí es que el derecho a la RB es un instrumento de emancipación que debe ir ligado a dos políticas tradicionales de la izquierda: la RTT y el reconocimiento de un sindicalismo de clase. Es decir, otra política que tenga como eje la dignidad de los de abajo.

Javier Méndez-Vigo Hernández

Bibliografía:
Laurent Geffroy, Garantir le revenu. La Decouverte. MAUSS, Paris 2002
YannickVanderborht, Philippe Van Parijs, L’allocationuniverselle. La Decouverte, Paris 2005
Luis Sanzo González, La política de garantías de ingresos en Euskadi. Ekaina, Junio 2013
EguzkiUrteaga, Las políticas de Lucha contra la Pobreza y la exclusión en Francia: RMI, RSA, RGB. IX Simposio Renta Básica
Varios, Un salario social mínimo (garantizado) para todos. Zona Abierta 46/47. Madrid 1988